Vallejo en
Tegucigalpa
Desperté de golpe en la noche sorda
Volé por encima de los techos muertos
Como comitiva, siete buitres negros
Coloquiando vivas sentencias de muerte
De mi pecho ronco, cansado y abierto
Piedras como cardos hiriendo la nada
Espinas de llanto llagando mi rostro
Oh Jesús, te busco y mi súplica heridaVaga por encima de un barrio de espanto
¡Oh la noche negra, cobijo de horrores!
Lamento terrible de madres truncadas
¡Oh la vida seca raspando el reloj!
Mi canto exhala un hálito inerte
De pronto en el aire aparece un espejo
Mi rostro no es mío, ni son los guijarros
Revueltos hiriendo mi tórax templado
Las aves carcomen la roja carroña
Y una risa sorna escapa sus picos
Asomo al espejo, lo suelto azorada
Mi grito agoniza al filo del cielo
No soy yo quien vuela, soy Cesar Vallejo.
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